miércoles, 28 de octubre de 2026

La intercesión de Abrahán (Gn 18, 16-33)

Recuerdo que para el próximo encuentro habremos leído la historia de José,  Génesis cap. 37, y caps. 39 al 47. 
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Comentario a Gén 18, 16-33

El texto relata cómo Dios, antes de actuar, decide no ocultarle a Abrahán lo que va a hacer: ha escuchado el clamor contra Sodoma y Gomorra y baja a comprobarlo. Abrahán se queda «en pie ante el Señor» y, con respeto y audacia, comienza a interceder

-«¿Vas a destruir al inocente con el culpable?» Y en un regateo con Dios va bajando el número de justos: 50 → 45 → 40 → 30 → 20 → 10. No es un simple negocio: es una oración insistente, llena de precauciones y excusas por su atrevimiento, que arranca la promesa de Dios. En cada tramo, Dios responde que perdonará la ciudad «en atención a ellos». En su oración Abrahán pide perdón con humildad por atreverse a pedir algo a Dios: «yo que soy polvo y ceniza» .

¿Qué lecciones nos proporciona el texto? 

a) Solidaridad entre los hombres. La pregunta de fondo es: ¿qué prevalecerá, el pecado de los malos, que arrastra a los justos, o la justicia de los buenos, que salva a los pecadores? Lo cierto es que la salvación es «para todos o para nadie».

b) La justicia de unos pocos salva a muchos. Dios se compromete a perdonar a toda la ciudad por unos pocos justos. La justicia de unos tiene valor salvífico para otros, «por encima de toda valoración cuantitativa». No es cuestión de cantidad.

c) La cólera de Dios cede ante el amor y la justicia. El testimonio de algunos hombres justos «hace bajar» la ira divina.

¿Por qué Abrahán se detuvo en diez?  ¿Por qué no pasó de cinco a uno?

Una visión de la escena desde el sentido de la fe propio de la Biblia en su totalidad nos hace ver que por un solo justo, Dios no habría destruido la ciudad Y allí estaba Lot, cuya justicia se subraya en Gn 19, y que escapó de la catástrofe.  La fe de Abrahán «no llega hasta el límite de sí misma»: para él la cantidad todavía cuenta; para Dios ya no.  Abrahán abrió el camino de la fe en un Dios misericordioso en exceso, pero se paró en ese camino sin llegar al final.

El hilo que conduce a Cristo

El relato no lo dice, pero está inscrito en la serie de relatos sucesivos de la Escritura:

*Jeremías 5, 1: Dios busca en Jerusalén uno solo que practique la justicia, para perdonar la ciudad.

*Isaías 53: (canto del siervo doliente) Un solo justo «justificará a muchos» e «intercedió por los rebeldes».

*Jesucristo en la cruz. Uno solo para todos: la intercesión llega a su meta.

Podemos concluir que el principio ya estaba puesto en Abrahán: la existencia de un justo puede suponer el perdón de todos. Y Jesús es quien lleva ese principio hasta el final. Un sólo justo salva en la cruz a toda la humanidad. Justicia y pecado no se pesan en la misma balanza, como si fueran mercancías semejantes. La verdadera justicia de Dios es omnipotente, sea cual fuere el peso del pecado. Es una justicia «desconcertante», que contradice nuestros esquemas de compensación.

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PowerPoint ilustrativo:


PARA LA REFLEXIÓN 

1. ¿Intercedo por otros? Abrahán no se desentiende de una ciudad pecadora; ¿por quiénes estoy llamado a «ponerme en pie ante el Señor»?

2. ¿Con qué confianza oro? Abrahán es insistente, pero respetuoso. ¿Me atrevo a hablar con Dios con esa mezcla de humildad y osadía?

3. ¿Creo que mi fidelidad cuenta para otros? La justicia de unos pocos puede ser fuente de bendición para muchos

4. ¿Hasta dónde llega mi fe? Abrahán se detuvo en diez. ¿En qué punto «me paro» yo, y qué me invita Cristo a esperar más allá?

5. Mirar a la cruz: en Jesús, el único Justo, se cumple lo que Abrahán intuyó. ¿Cómo vivo esa certeza de ser perdonado «por uno solo»?

En Abrahán vemos la intercesión que se atreve a pedir; en el Siervo doliente, la promesa de que un solo justo salva a muchos; en Cristo, la realización plena: uno solo por todos.


ORACIÓN 

Hola, Señor, aquí estoy.
Perdona mi atrevimiento.
Veo tanto dolor en torno a mi,

Sufro por la ignorancia de los que me rodean.
Mis Padres, mis hijos, mi marido, mi mujer, 
mis amigos, no te conocen.

Ilumínales, llévales a conocerte.
 Apiádate de ellos.

Señor, ¡ten piedad!, ¡ten piedad!,
no olvides a los que amo.
Y si mi oración se cansa
que tu amor supla mi debilidad.

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Octubre 2026
Casto Acedo

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