El texto relata cómo Dios, antes de actuar, decide no ocultarle a Abrahán lo que va a hacer: ha escuchado el clamor contra Sodoma y Gomorra y baja a comprobarlo. Abrahán se queda «en pie ante el Señor» y, con respeto y audacia, comienza a interceder
-«¿Vas a destruir al inocente con el culpable?» Y en un regateo con Dios va bajando el número de justos: 50 → 45 → 40 → 30 → 20 → 10. No es un simple negocio: es una oración insistente, llena de precauciones y excusas por su atrevimiento, que arranca la promesa de Dios. En cada tramo, Dios responde que perdonará la ciudad «en atención a ellos». En su oración Abrahán pide perdón con humildad por atreverse a pedir algo a Dios: «yo que soy polvo y ceniza» .
¿Qué lecciones nos proporciona el texto?
a) Solidaridad entre los hombres. La pregunta de fondo es: ¿qué prevalecerá, el pecado de los malos, que arrastra a los justos, o la justicia de los buenos, que salva a los pecadores? Lo cierto es que la salvación es «para todos o para nadie».
b) La justicia de unos pocos salva a muchos. Dios se compromete a perdonar a toda la ciudad por unos pocos justos. La justicia de unos tiene valor salvífico para otros, «por encima de toda valoración cuantitativa». No es cuestión de cantidad.
c) La cólera de Dios cede ante el amor y la justicia. El testimonio de algunos hombres justos «hace bajar» la ira divina.
¿Por qué Abrahán se detuvo en diez? ¿Por qué no pasó de cinco a uno?
Una visión de la escena desde el sentido de la fe propio de la Biblia en su totalidad nos hace ver que por un solo justo, Dios no habría destruido la ciudad Y allí estaba Lot, cuya justicia se subraya en Gn 19, y que escapó de la catástrofe. La fe de Abrahán «no llega hasta el límite de sí misma»: para él la cantidad todavía cuenta; para Dios ya no. Abrahán abrió el camino de la fe en un Dios misericordioso en exceso, pero se paró en ese camino sin llegar al final.
El hilo que conduce a Cristo
El relato no lo dice, pero está inscrito en la serie de relatos sucesivos de la Escritura:
*Jeremías 5, 1: Dios busca en Jerusalén uno solo que practique la justicia, para perdonar la ciudad.
*Isaías 53: (canto del siervo doliente) Un solo justo «justificará a muchos» e «intercedió por los rebeldes».
*Jesucristo en la cruz. Uno solo para todos: la intercesión llega a su meta.



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